El poeta ha muerto y con él sus versos.
La verdad sea dicha, yo ya no sé escirbirla,
esa mano escribía y mientras que otra cosa pensaba,
a fin de cuentas escribía la mano,
esa mano escribía,la verdad escondida.
Su escondite perfecto era la mente del poeta
que ahora una vez muerto ya nada atisba y esa
verdad escondida, permanecerá adentro.
El día que se descubra, renacerá el poeta, el escriba.
La verdad sea dicha, yo ya no sé escirbirla,
esa mano escribía y mientras que otra cosa pensaba,
a fin de cuentas escribía la mano,
esa mano escribía,la verdad escondida.
Su escondite perfecto era la mente del poeta
que ahora una vez muerto ya nada atisba y esa
verdad escondida, permanecerá adentro.
El día que se descubra, renacerá el poeta, el escriba.